
El caso del envenenamiento de la cerveza con bilis de cocodrilo es un caso de literatura inclasificable. Estamos, primero, ante una novela, una historia de detectives basada en hechos reales que es, a su vez, una comedia. Una novela narrada a través de los diálogos de sus protagonistas, lo que la convierte en una obra de teatro o un guión cinematográfico, si el autor hubiera elegido ese formato físico. Por otro lado, Sergio Vilchez Vidal pareció empezar un estudio sobre la imaginación con su libro ilustrado para niños “Ya somos 15”, homenajeando a la misma, para seguir con la novela “Alicia, ¿qué te pasa?”, observando hasta dónde podía llegar la imaginación de una persona, y con “Ostrario”, en el que rompía moldes narrativos sólo para demostrar el poder de la imaginación como un instinto innato a todos nosotros. En El caso del envenenamiento de la cerveza con bilis de cocodrilo, el autor profundiza en ello, desarrollando un ensayo sobre la imaginación en el que casi sigue el sistema científico: primero coleccionar observaciones sobre la realidad, después enunciar una hipótesis y, finalmente, construir su teoría sobre la imaginación, con sus notas anexas o corolarios. Y todo esto en el marco de una obra con grandes dosis de humor absurdo, característico del autor.
El caso del envenenamiento de la cerveza con bilis de cocodrilo relata los intríngulis de la investigación que tuvo lugar en Mozambique en 2015 cuando se produjo el extraño envenenamiento masivo tras consumir cerveza en una zona rural del noroeste del país. En paralelo a los trágicos hechos, otro drama se desarrollaba alrededor de la figura que llevaba el caso.